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Ante la duda, cámbialo
Es una gran lección que debe aprender todo guionista, veteranos inclusive: Cuando tengas una duda acerca de si algo va a funcionar o no, cámbialo. A pesar de que llevo dos años ejerciendo labores de coordinación, sigo sin cumplir a rajatabla esta máxima que escritores y guionistas deberíamos tener grabado en los sesos en tinta indeleble. Muchas veces detectas un problema en el guión, pero piensas que puede ir hacia delante con ligeros retoques. A veces eres consciente de que cambiando eso, tienes que modificar tres cuartas partes de lo que ya tenías hecho, así que lo dejas correr. Mal. El noventa por ciento de las veces no chuta. Fallo. Fracaso. Mierda. El peor error es el que detectas y lo dejas tal cual. En televisión andamos con tantas prisas que no corregimos con el rigor que debiéramos. Aún así, recomiendo que ante la duda, cámbialo.
Autoexigencia
De mayor quiero ser Aaron Sorkin

Cómo admiro a este brillante dramaturgo y guionista, creador de "Algunos hombres buenos", tanto en su versión teatral como cinematográfica, "El Ala Oeste de la Casa Blanca" o "Studio 60 on Sunset Strip", todas ellas magníficas. Este hombre tiene magia, unos diálogos personales imposibles de imitar, a la vista de lo que hicieron sus sucesores en "El Ala Oeste" tras su marcha al final de la cuarta temporada. Sus guiones reflejan algo difícil de transmitir: pasión. Esos personajes entregados llegan al corazoncito del telespectador, al menos al mío: sufres con Josh, Matt Albie o Sam Seaborn (qué apellido más cojonudo), todos ellos con una misión que en la mayoría de ocasiones les supera. Recomiendo ambas series, aunque "Studio 60", bajo mi punto de vista, tiene un problema: excesiva presencia de secundarios en detrimento de dos pesos pesados como Matthew Perry o Bradley Whitford. Aún así, fantástica.
El lenguaje corporal

Una de las carencias de la mayoría de series cómicas españolas se centra en este, a mi juicio, crucial trabajo interpretativo. Los diálogos se sueltan a bocajarro, sin tener en cuenta algo que los americanos tienen aprendido desde Dios sabe cuánto tiempo: que los gestos, la manera de pronunciar los diálogos, las pausas acompañadas de determinadas poses, son fuente de comicidad. En muchas ocasiones, una línea de diálogo puede no tener ni puñetera gracia si no va en paralelo a una acción corporal determinada. Un maestro en este tipo de humor es David Schwimmer, Ross en "Friends" (ese hombre, tal y como se mueve, ha tenido que ser mimo). Es sorprendente la retahíla de movimientos estudiados que el actor realiza a lo largo de los más de doscientos capítulos. ¿Por qué aquí a todo esto no se le da importancia?
¡Voy a hacer una serie!
Estoy acojonado a la vez que ilusionado. Voy a hacer una serie y coordinar los guiones de la misma. Esto es un paso adelante y una nueva motivación para seguir en esto. ¿Conseguiré hacer algo mínimamente decente o participaré en otra infecta serie condenada al olvido? El tiempo lo dirá.
Los errores
Cuántas veces se oye "de los errores también se aprende". "Un error me ha hecho mejorar el doble que un acierto", etcétera, etcétera. Todo muy bonito y edificante.
Pero, ¿quién coño quiere tener un error?

