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El regreso
Amigos míos, he decidido volver a la palestra. Ver a un amiguete guionista escribir su bitácora me ha animado a retomar mi labor de comentarista televisivo a partir de principios de 2005. Así podré contaros las nuevas y surrealistas experiencias que estoy viviendo en el programa en que ahora trabajo. Si aún queda por ahí alguien con ganas de leerme, pronto podrá volver a hacerlo.
29/12/2004 17:52 #. Hay 5 comentarios.
Promesas inclumplidas
Enmarcado en un telemaratón benéfico de esos que se hacen en Navidad, dedicamos el programa a recaudar fondos para mejorar las condiciones de vida de los autistas. Y teníamos a un chaval autista de unos quince o dieciséis años sentado en el público junto a su paciente madre, que le indicaba en todo momento cuando debía aplaudir o dejar de hacerlo. El autismo del chico no era tan severo como el de Dustin Hoffman en “Rain man”, respondía a lo que se le preguntaba, con limitaciones, claro. Pues bien, el presentador se acercó a charlar con él para presentar un vídeo en el que se veía al chico aprendiendo a jugar a golf con uno de los cocineros más importantes de España. Le preguntó si lo había pasado bien, si había aprendido mucho y cuatro tópicos más. Pero al despedirse, el presentador dijo algo que me llamó la atención: “La próxima vez vamos tú y yo a echar un partido del golf, ¿vale? Prometido”. Prometido. ¿Con qué frecuencia oíamos esas nueve letras? “Oye, que esta vez me animo y nos vamos de marcha, ¿eh? Prometido”. “Cariño, nunca más volveré a ponerte los cuernos. Prometido.”. “Mamá, si me dejas ponerme un piercing en los huevos, voy a sacar sobresalientes en el cole. Prometido”. Prometido. Por supuesto, estas promesas jamás se cumplen. Como tampoco se va a cumplir la que formuló nuestro presentador. Digo yo que esas cosas no deberían decirse tan a la ligera. Podría ocurrir algo semejante a esto:
- Madre del autista: ¿Es el programa XXXX?
- Presentador del programa: Sí.
- MA: Quería hablar con el PP.
- PP (con indisimulado orgullo): Está hablando usted con él en persona.
- MA: Pues mire, soy la madre del chico que padece autismo, ése que estuvo en su programa el otro día, ¿se acuerda?
- PP: ¡Ah, sí! ¡Qué chico más majo!
- MA: Pues ya que le prometió echar un partido de golf con él un día de estos, he pensado que el sábado podría ser el día adecuado. A nosotros nos vendría muy bien y como usted tiene programa los miércoles, digo yo que no tendrá problema...
- PP: Perdone, pero no le entiendo...
- MA: Digo que si el sábado le viene bien. Ya he convencido a mi cuñado para que haga de cady. Mi hijo está ilusionadísimo.
- PP: Señora, creo que está usted equivocada...
- MA: ¿Equivocada? Oye, majete, no te estarás rajando, ¿verdad?
- PP: Pero sí yo no me he comprometido a nada.
- MA: ¿Cómo que no? El otro día prometiste ante millones de personas que ibas a jugar al golf con mi hijo.
- PP: Pero, señora, eso son cosas que se dicen...
- MA: Mi madre, cacereña y devota, decía que las promesas se cumplen siempre. Y lo prometido es deuda, amigo mío, así que ya estás cogiendo los palos de golf.
- PP: Señora, no sé si se da cuenta de que yo tengo una vida privada alejada de la pública.
- MA: Ahora que dices eso de pública, te recuerdo que precisamente trabajas en una televisión pública. Y yo llevo veinticinco años votando al partido que la gobierna. Como sigas con esa actitud, voy a ponerte en un serio aprieto...
- PP: Señora, me parece que así no vamos a llegar a ningún sitio.
- MA: Mientras llegues al campo de golf, lo demás me da igual.
- PP (suplicante): Pero... pero... yo no puedo ir con su hijo a jugar al golf.
- MA: ¿Por qué? ¿Porque es autista?
- PP: No. ¡Porque no tengo ni puta idea de jugar al golf!
En fin, al margen de este chascarrillo, bien es cierto que las promesas tienen menos peso que las teorías que Danny Glover y Mel Gibson manejaban en “Arma letal”. ¿Por qué la gente promete con tanta alegría cosas que no va a cumplir? Con lo fácil que es evadirse de semejantes embolados. Yo jamás prometo nada, ni siquiera lo que creo que puedo cumplir. No vaya a ser que me pase como a Felipe González: “Prometo ochocientos mil puestos de trabajo”.
- Madre del autista: ¿Es el programa XXXX?
- Presentador del programa: Sí.
- MA: Quería hablar con el PP.
- PP (con indisimulado orgullo): Está hablando usted con él en persona.
- MA: Pues mire, soy la madre del chico que padece autismo, ése que estuvo en su programa el otro día, ¿se acuerda?
- PP: ¡Ah, sí! ¡Qué chico más majo!
- MA: Pues ya que le prometió echar un partido de golf con él un día de estos, he pensado que el sábado podría ser el día adecuado. A nosotros nos vendría muy bien y como usted tiene programa los miércoles, digo yo que no tendrá problema...
- PP: Perdone, pero no le entiendo...
- MA: Digo que si el sábado le viene bien. Ya he convencido a mi cuñado para que haga de cady. Mi hijo está ilusionadísimo.
- PP: Señora, creo que está usted equivocada...
- MA: ¿Equivocada? Oye, majete, no te estarás rajando, ¿verdad?
- PP: Pero sí yo no me he comprometido a nada.
- MA: ¿Cómo que no? El otro día prometiste ante millones de personas que ibas a jugar al golf con mi hijo.
- PP: Pero, señora, eso son cosas que se dicen...
- MA: Mi madre, cacereña y devota, decía que las promesas se cumplen siempre. Y lo prometido es deuda, amigo mío, así que ya estás cogiendo los palos de golf.
- PP: Señora, no sé si se da cuenta de que yo tengo una vida privada alejada de la pública.
- MA: Ahora que dices eso de pública, te recuerdo que precisamente trabajas en una televisión pública. Y yo llevo veinticinco años votando al partido que la gobierna. Como sigas con esa actitud, voy a ponerte en un serio aprieto...
- PP: Señora, me parece que así no vamos a llegar a ningún sitio.
- MA: Mientras llegues al campo de golf, lo demás me da igual.
- PP (suplicante): Pero... pero... yo no puedo ir con su hijo a jugar al golf.
- MA: ¿Por qué? ¿Porque es autista?
- PP: No. ¡Porque no tengo ni puta idea de jugar al golf!
En fin, al margen de este chascarrillo, bien es cierto que las promesas tienen menos peso que las teorías que Danny Glover y Mel Gibson manejaban en “Arma letal”. ¿Por qué la gente promete con tanta alegría cosas que no va a cumplir? Con lo fácil que es evadirse de semejantes embolados. Yo jamás prometo nada, ni siquiera lo que creo que puedo cumplir. No vaya a ser que me pase como a Felipe González: “Prometo ochocientos mil puestos de trabajo”.
30/12/2004 16:33 #. Hay 2 comentarios.
El público privado
En ocasiones me pregunto qué relación existe entre las reacciones del público que está en el plató y las que tiene el espectador en casa. Esto es, si la risa de un individuo cualquiera que asiste al programa en directo tiene un equivalente al otro lado del televisor. Es un tema que, como guionista, me preocupa. Cuando escribes un chiste muchas veces no sabes si va a funcionar, si va a obtener el efecto que deseas. Decepciona ver que una idea que a ti te ha hecho gracia sobre el papel sólo cosecha una respuesta facial impávida en alguien que vive in situ la consecución del chiste. Y no puedes evitar pensar que quizás el espectador a esas alturas esté en el tercer sueño. ¿Qué pensáis? ¿Os ha pasado que a veces reís más que las personas del estudio? O viceversa, ¿os cuesta entender por qué se cachondean tanto los que están en la tele si vosotros no habéis movido un ápice los músculos labiales?
30/12/2004 23:08 #. Hay 2 comentarios.

