Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2004.

¿Qué es La Caja Lista?

La Caja Lista pretende ser un mando a distancia para conocer los entresijos de la caja tonta. Me explico con mayor claridad: Lo que pretendo con este blog es analizar el mundo de la televisión desde la perspectiva de alguien que lleva años trabajando en ella. Escribiré acerca de lo que se cuece entre bambalinas dentro de un programa, de la importancia de las audiencias... De todo aquello que el ojo no ve.

¿Por qué elegir un nombre como La Caja Lista? Porque incluso el programa más nefando de la televisión comercial se ha estudiado, pensado, negociado y cocinado para contentar a un determinado tipo de público. Muy poca cosa se deja al azar, todo esta atado para que el espacio cale hondo en la mente de los espectadores. Incluso detrás de la copia más burda hay un equipo que se esfuerza en atrapar la atención del televidente durante un tiempo determinado y, para ello, necesita darle al coco: ¿Nuestra audiencia querrá carnaza? Vamos a dársela de ésta u otra forma. ¿Le apetecerá reír? Intentemos mezclar situaciones cotidianas con la llegada de un extraterrestre a La Tierra.
Creedme, la caja tonta no lo es tanto.
03/04/2004 19:23 #. No hay comentarios. Comentar.

A la espera de la audiencia

pulgar.jpg18:15. La directora del programa aún no me ha enviado un mensaje con la audiencia del viernes. ¿Qué habremos sacado? ¿Escogimos el mejor tema para un día soleado como el de ayer? ¿Supimos captar la atención de los espectadores potenciales?

Esto es como estar en la arena de un circo romano: tu suerte depende de un dedo. En el caso de los romanos, el pulgar hacia arriba o abajo de un emperador apoltronado en su trono era la diferencia entre la vida y la muerte; en lo que respecta a la televisión, el pulgar sobre el mando a distancia de un espectador apoltronado en su sofá es la diferencia entre la continuidad o la defunción de un programa.

¡Dichosas audiencias! Son especialmente estresantes en un programa diario. Llegas a la redacción y tras el "hola" de rigor, la primera cuestión que se plantea es "¿qué sacamos ayer?".

Si la cifra obtenida es positiva, no hay de qué preocuparse, puedes desempeñar tu trabajo de la misma forma en que lo hiciste el día anterior. Si es mala, tampoco tiene por qué pasar nada. Un pequeño pinchazo. Es natural. Seguro que en la otra cadena había fútbol y en la de más allá, una señora de enormes tetas explicaba los motivos que le indujeron a acostarse con el tonto del pueblo.

El problema surge cuando llevas varios días sin levantar cabeza, o lo que es lo mismo, el espectador no aprieta el botón de tu canal a la hora que a ti te gustaría. Nervios, llamadas del productor ejecutivo, sonrisas nerviosas, comentarios cachondos del tipo "¡nos vamos a la calle, qué ganas tenía de vacaciones!"... Y, sobre todo, gabinete de crisis. Cambios por aquí, cambios por allá, esto que escribiste es una gilipollez, escibe esto otro, el tema elegido no gusta a las marujas...

No quiero ni imaginar lo que estará viviendo el equipo de "Un, dos, tres". Desde que empezaron esta nueva etapa han visto cómo, viernes a viernes, la audiencia descendía inexorablemente. Han introducido alteraciones en el esquema original prácticamente en cada uno de los programas de la temporada. Y nada. Ayer obtuvieron su peor resultado. Otro día les hablaré de este programa y profundizaré en el tema de las audiencias. Sean pacientes.

18:51. Esta mujer... Sigue sin enviarme la audiencia de ayer. ¿Habrá sido una ruina? ¿Qué me espera el lunes?
03/04/2004 23:54 #. No hay comentarios. Comentar.

Lo que diga la mayoría

Multitud.gif"Quiero enamorarme en el 2004". Así se titulaba el programa, que en los albores del presente año, pretendía recoger el testimonio de personas que necesitaran una pareja en su vida. Cuando redacté el guión, llamé la atención de la directora: "He puesto 'quiero enamorarme en 2004', que es lo correcto. Ella y mi compañero me miraron con sorpresa. Alguien detrás de mí intentaba saber si el resto del equipo quería una Coca-Cola de la máquina. La directora se quedó pensativa y a los pocos segundos objetó que le sonaba raro, que no veía al presentador diciéndolo de esa manera. Añadí que, sonara raro o no, suprimir el artículo era lo correcto. Mi compañero , dubitativo, sostenía que ambas opciones eran válidas. El "Coca-Colas", con un par de latas en cada mano, se unió a la conversación: "Todo el mundo dice 'en el 2004', ¿no? Entonces será así". He oído que la Coca-Cola es buena para desatascar tuercas y tornillos. Estaba claro que este individuo había bebido demasiado. Seguí empeñado en que no tenían razón, que nadie dice "en el 1999", sino "en 1999", que estaba seguro de haber leído en alguna parte que ésta era la forma adecuada de decirlo y escribirlo. No debí de ser muy vehemente, porque todos me seguían mirando con cara de no saber qué les estaba contando. Finalmente, concluí que lo mejor era dejar el guión como estaba y que el presentador pronunciara el título como le viniera en gana. La directora, que no daba demasiada importancia al tema, asintió.

Una vez terminada la jornada, llegué a casa y empecé a ver el programa. Cuando apareció el rótulo con el título, todo el mundo pudo leer "Quiero enamorarme en el 2004". El "Coca-Colas" y la mayoría ganaron la partida. Es una simple anécdota que me dio qué pensar. ¿Por qué no me habían hecho caso? ¿Tanto importa lo que diga la mayoría, aunque esté equivocada? Probablemente todo se deba a que no fui demasiado convincente, a que tendría que haber escrito un mail a la RAE consultándolo, imprimido la respuesta y haberla mostrado a todo el equipo. Aunque sospecho que no hubiera cambiado nada.
04/04/2004 14:08 #. No hay comentarios. Comentar.

¿Para ser director hay que ser también un hijo de puta?

Adoro a mi directora. Lo digo en serio, sin ironías (nótese que digo "mi directora" y no "la directora", la elección no es casual). Es una persona excelente en muchos aspectos, siempre receptiva a las sugerencias y comentarios, siempre dispuesta a escuchar las quejas de su equipo, siempre con una sonrisa en los ojos. El otro día me sorprendió gratamente una vez más: sin pensarlo, se presentó ante una persona externa al programa como compañera de una redactora en lugar de como directora del espacio y jefa de todos los redactores y redactoras. Eso muestra su talla. Nunca cree estar por encima de nadie, ni siquiera inconscientemente. Lo que estoy contando, a ojos de personas que no trabajan en el medio, puede parecer una apreciación peregrina, ya que sabemos que nadie está por encima de nadie, desde el punto de vista jurídico y moral. Sin embargo, sospecho que en gran cantidad de trabajos hay gente convencida de estar en el primer peldaño del podio. Y los directores suelen creerlo.

Aunque trabajo con mi directora, continúo haciéndome la misma pregunta: ¿Para ser director/a en televisión hay que ser un/a hijo/a de puta? Porque mi directora es una persona sencilla... pero no es una directora de raza. Ella sabe que está ahí porque nadie más estaba dispuesto a asumir el reto. Sabe que su presencia en el puesto es discutida por las altas esferas. Es más, la dirección de la cadena piensa que codirige el programa junto a otra directora, algo que siempre me ha parecido terriblemente injusto. Ella es una trabajadora que por circunstancias ajenas a ella se ha visto obligada a asumir un puesto que en determinados momentos le sobrepasa.

El director de raza tiende a imponer sus criterios: Sean acertados o equivocados, tienen que prevalecer para que el equipo trabaje en un sentido u otro. Por el flanco izquierdo le asedian los trabajores, que pagan con él la frustración de invertir demasiadas horas de su vida en un programa de televisión; por el derecho, los jefes, esos que se consideran demiurgos y lo único que hacen es tocar las pelotas cuando las cosas van mal. Y en frente el director tiene a sus peores enemigos: los telespectadores. ¿Qué quieren? ¿Les gustará lo que les estoy preparando? ¿Zapearán cuando vean la tarta que vamos a estampar en la cara de ese desgraciado?

El director de raza termina viendo enemigos en todos los frentes y sólo puede confiar en una persona: él. Por eso, y por otras razones de índole personal, acaba convirtiéndose en un hijo de puta.

A veces tengo la sensación de que para dirigir según qué programas de la televisión comercial se necesitan ciertas dosis de prepotencia. Si no, te acaban hundiendo... con todo el equipo.

Seguiré reflexionando.
04/04/2004 21:55 #. No hay comentarios. Comentar.

¿Cómo se miden las audiencias? (1)

Es una pregunta que me hacen muy a menudo. Todo el mundo oye hablar de share, de cuota de pantalla, de aparatos que miden la audiencia, de estadísticas... Sin embargo he podido comprobar que muy poca gente se hace una idea exacta de cómo confluyen estos factores a la hora de saber el número de personas que ha visto un programa. Voy a explicar brevemente cómo funciona.

El share o cuota de pantalla es el porcentaje de individuos que está viendo un programa en relación a la cantidad de espectadores que en ese momento ve la televisión. Por ejemplo, supongamos que a las diez de la noche hay trece millones de personas pendientes de su televisor. Esos trece millones son el 100% de los telespectadores que en ese momento consagran su vida a la televisión. Ese 100% se reparte entre los diferentes canales ofertados: públicos estatales, privados, autonómicos, digitales, locales... Si mi programa tiene un 30% de share en ese instante significa que el 30% de las personas que están viendo la televisión has sintonizado mi cadena y, consiguientemente, mi programa. ¿Vale? Si mi espacio transcurre entre las diez y las once de la noche, haremos una media de los porcentajes de audiencia de cada minuto, incluyendo la publicidad. Si mi concurso ha obtenido en total un 23% de share, seguramente habrá minutos en los que habré tenido un 30%, un 33%...

Normalmente una buena cuota de pantalla ronda el 20%, aunque eso depende de los objetivos de la cadena, la franja en la que se emite el programa, el coste del espacio... Por ejemplo, que "Un, dos, tres" obtenga un 21 de share es una miseria, dado el astronómico presupuesto de cada entrega. Sin embargo, "Los Serrano" es un éxito rotundo, ya que nunca baja del 30%. Por no hablar de "Crónicas Marcianas", que ha alcanzado en ocasiones el 50%. ¿Imaginan lo que significa enamorar a la mitad de los televidentes? Javier Sardá, un seductor nato, lo sabe.

Hay canales en los que no importa demasiado el share. Esta semana, sin ir más lejos, "El Ala Oeste de la Casa Blanca", esa extraordinaria serie que La 2 emite los jueves en prime time, rondó el 2% de share. Como es un canal minoritario, las audiencias no son tan determinantes a la hora de continuar o no la emisión de un programa. Aunque aconsejo a los apasionados de Jed Bartlett que empiecen a rezar a San Cristo, porque la serie está cosechando unos índices muy bajos incluso para La 2.

Seguiré hablando del share, del rating, de los audímetros y del minuto a minuto. Espero incluir un gráfico que satisfaga la curiosidad de los interesados en el tema.
05/04/2004 22:11 #. Hay 3 comentarios.

Obra maestra

alaoeste.jpgYa lo dice Rafael Marín en su bitácora Crisei aquí y aquí. Poco más que añadir.
05/04/2004 21:05 #. No hay comentarios. Comentar.

Un 19

Por cierto, el viernes sacamos un 19% de share. No está mal, pero tampoco es para tirar cohetes.
05/04/2004 22:15 #. No hay comentarios. Comentar.

¡Mírame, tonto!

tonto.jpgQue nadie se dé por aludido. "¡Miráme, tonto!" es el título de un libro publicado en noviembre de 2003. En su interior se detallan los entresijos de la denominada "telebasura". Por lo que sé, hace una análisis bastante pormenorizado de los programas de testimonios o talk shows y desvela las claves de su elaboración. Como ven, hablo sin conocer exactamente el contenido, puesto que aún no he tenido tiempo de leerlo. Espero hacerlo en próximas semanas.

Saco a colación este ensayo porque hoy, en un diario vasco, se incluye una entrevista con la autora, la periodista valenciana Mariola Cubells. Al margen de la calidad de su trabajo, en un párrafo resume con acierto la finalidad de este tipo de programas:

"Es verdad que la gente los ve, pero estos programas se diseñan en laboratorio con unos ingredientes concretos, apelando a instintos muy bajos y universales, para que el espectador no pueda apartar la mirada. Igual que cuando ves un accidente".

Sé de lo que habla. Iré sazonando este blog con anécdotas vividas en primera persona y que engarzan con la tesis del párrafo anterior.

Por lo demás, el libro ha levantado bastante revuelo en el medio. Hay quienes se sienten indignados y consideran una desfachatez que la periodista haya desvelado los secretos más íntimos de la tele. Es como si hubiera violado la omertá siciliana, como si hubiera traicionado a sus propios hermanos de profesión. Otros lo ven con cierta indiferencia, incluso equidistancia, ya que no se sienten englobados bajo el apelativo "telebasura" (aunque en realidad lo estén). Los hay que se encogen de hombros mientras asienten con conformidad. Parece que dijeran algo así: "¿Y qué le vamos a hacer? La tele es así".

La vida sigue y éste es sólo uno de los muchos ataques que recibe la telebasura. Nada cambia. Mientras haya alguien que la vea.
06/04/2004 21:48 #. No hay comentarios. Comentar.

¿Cómo se miden las audiencias? (2)

audiencia.gifAtención a este cuadro de audiencias. Supongamos que estas tres columnas representan la parrilla de tres cadenas de televisión: llamémosles La Tercera, Antonia Tres, Canal Pus o como ustedes quieran. El íntervalo elegido empieza a las 21:15 y termina a las 0:30 y los programas incluidos nada tienen que ver con los reales (¿o sí?). Las cifras que aparecen en la columna situada a la izquierda de cada uno de los espacios televisivos recogen share de cada cuarto de hora. Así se puede observar que a las 21:30 en punto, el programa anterior a "El Pestiño" tiene un pico del 30,6%, algo a lo que muy pocos privilegiados consiguen acceder. Sin embargo, hay un espectacular descenso de audiencia cuando "El Pestiño" abre sus puertas. Fíjense cómo anda a las 23:00 o a las 23:45.

Debajo del nombre del programa, entre corchetes, se incluyen los siguientes datos: la hora en que da comienzo el espacio y la duración del mismo. Flanqueados por paréntesis, aparecen el rating, la media de espectadores que ha seguido el programa (en millones), así como su share completo.

Aunque ya hemos adelantado que el share es lo que determina la vida de un programa, también es importante el rating. Lo podríamos definir como el porcentaje de personas que están viendo nuestro espacio respecto a la totalidad de la población, incluyendo tanto a los que están atentos a sus pantallas domésticas, como a los que no. ¿Se entiende?

Me queda hablar de los audímetros y del minuto a minuto. Eso, en otra entrega.
07/04/2004 18:02 #. No hay comentarios. Comentar.

La camiseta del programa muerto

Intercambiábamos sonrisas, nos apoyábamos en los momentos difíciles, nos consolábamos cuando las cosas no iban bien... Aunque parezca que describo la relación de dos amantes, en realidad estoy rememorando el compañerismo entre dos equipos que trabajaban en redacciones contiguas. Una estrecha abertura era lo único que nos comunicaba, pero nos bastaba. Cuando tenían problemas, podían contar con nosotros y viceversa. Cuando alguien de uno u otro equipo visitaba la máquina en buscas de viandas (palmeras, Chaskis y esas cosas, fíjate tú qué viandas), se ofrecía para traer algo a los demás. Intercambiábamos camisetas con el logotipo de cada programa, ésas que se encargan para satisfacer al público asistente. En el comedor nos reuníamos para echar unos buenas risas en torno a una botella de vino peleón.

Todo iba sobre ruedas. Hasta que las audiencias empezaron a bajar.

Las caras de nuestros compañeros, tras tres meses de éxito relativo y tranquilidad, se tornaron sombrías. Las ojeras crecían a la par que las audiencias descendían. Nosotros entendíamos la situación. Es duro meter doce o más horas diarias y ver que todo el esfuerzo es en balde. Y más duro es darte cuenta de que el Inem puede ser el siguiente lugar que visites.

Después de dos meses de agonía, el programa fue retirado. Era una muerte anunciada, todos los sabíamos. Pero la historia tiene final feliz. Cada uno de los integrantes de aquel equipo se fue poco a poco recolocando en otros espacios de la cadena. Semanas después, estaban todos trabajando de nuevo y nutriendo otras redacciones con su veteranía y profesionalidad.

En ocasiones me he encontrado con alguno de aquellos compañeros. Pero algo ha cambiado. Con unos hablo como si fuéramos casi desconocidos; con otros, me saludo justo, justo. La química se ha evaporado. Es como si durante cinco meses aquellas quince personas hubiesen sido una sola entidad que, una vez disgregada por factores externos, perdiera algo de lo que los cohesionaba. Supongo que es ley de vida. Hay personas que en un determinado momento pueden ser fundamentales y, al tiempo, no recordar ni su nombre. ¡Qué cosas!

Ha pasado un año desde la defunción de aquel magacín. Sólo me queda la camiseta del programa muerto.
07/04/2004 22:01 #. No hay comentarios. Comentar.

¿Cómo se miden las audiencias? (3)

Para extraer el share, el rating, en fin, la audiencia, existen unos aparatos llamados audímetros. Estos chismes se reparten a una serie de hogares que se consideran representativos en función de los ingresos, hábitos de consumo, número de personas que forman el núcleo familiar y otras variables. En 2003, tres mil trescientos cinco hogares dispondían de audímetro. Ésa es la muestra utilizada en España para medir las audiencias.

El audímetro está equipado con las teclas necesarias para que los integrantes del hogar indiquen quién o quiénes están viendo la televisión en cada momento. Igualmente, registra el canal escogido, así como la grabación y/o reproducción de la emisión por medio de un vídeo.

Periódicamente se realizan controles para averiguar si el audímetro está siendo correctamente utilizado. Se mantiene un estricto control para que no exista posibilidad de fraude, ya que de estos datos depende TODO.

Sólo queda hablar del minuto a minuto y de la curva de audiencia.
08/04/2004 16:59 #. No hay comentarios. Comentar.

La curva de la felicidad (4)

Permítanme titular así este apartado, el último dedicado a hablar de la medición de audiencias. Y es que la curva de la felicidad no es la barriga, sino el gráfico que todas las mañanas reciben los responsables de un programa. Ups. Se me ha olvidado decir que también puede traer consigo infelicidad.

La curva de audiencia refleja la evolución del share, pareja a la duración del programa que analiza. Además, se suele ubicar paralelamente una comparativa con las curvas de los programas con los que se compite en la misma franja.

Una buena curva es aquella que sigue una evolución ascendente. En líneas generales refleja que nuestro programa engancha, retiene a la audiencia y consigue sumar adeptos por el camino. También es buena una curva estable, que no varíe demasiado (siempre que el share sea aceptable); significa que tenemos una audiencia fiel que no se deja seducir por el enemigo.
Tampoco tiene por qué ser nefasta una curva descente, ya que, si se compensa con un comienzo y un desarrollo admisibles, la media no nos dará ningún susto.

¿Por qué es tan útil la curva de audiencia? Lo primero, porque se ve con claridad la evolución del programa. Lo segundo, porque vemos qué cadena competidora nos resta audiencia en un momento determinado. En tercer lugar, porque observamos a qué hora se va a publicidad la competencia, dato que puede ser determinante para nuestro espacio: nos permite saber cuándo tenemos que colocar el contenido más llamativo de cara a atraer a los espectadores que zapean.

Por último, hay que destacar la importancia de la tabla del minutado: en ella vemos el share de cada minuto del programa. Es la forma de saber qué ha gustado al telespectador y qué ha repudiado. Por ejemplo, planificamos una llamada telfónica a un famoso y nos quedamos cuatro minutos hablando con él. Al día siguiente observaremos el share de ese intervalo. Si es bajo, consideraremos la posibilidad de no volver a hablar en la vida con ese tipejo que nos resta audiencia. Si es alta, a lo mejor nos planteamos organizarle un viajecito al plató.

El minuto a minuto es especialmente importante en magacines, talk shows y en programas de contenidos variados.

¿Alguna duda?
12/04/2004 18:05 #. Hay 2 comentarios.

Actualizaciones

He tenido un par de semanas laborales realmente ajetreadas, pero a partir de este lunes volveré a actualizar regularmente y lo haré con un artículo titulado "¿En qué estaba pensando?".
17/04/2004 14:09 #. Hay 2 comentarios.

¿En qué estaba pensando?

A ella no le importaba recorrer quinientos kilómetros de ida y otros quinientos de vuelta en un solo día. Al fin y al cabo, su bolsillo no costeaba el viaje. Además tendría la oportunidad de contar una historia. Su historia. Así que envolvió con su mano la manita de su pequeño de siete años y subió al autobús. Eran las nueve de la mañana de un miércoles de noviembre.

"¡Qué pesados son estos de la tele!", debía de pensar cada vez que recibía una nueva llamada del programa. Siempre las mismas preguntas. "¿Cómo va todo?... ¿Qué tal el viaje?... ¿Por dónde vas?... Bueno, luego te llamo otra vez... Es que en la tele somos muy pesados". Hasta la voz al otro lado del móvil lo reconocía. En lugar de tedio, su pequeño mostraba un gran entusiasmo: su madre iba a aparecer en la misma pantalla que su adorado Shin-Chan. No todos los niños tienen esa suerte.

Llegar, comer, vestirse de gala, maquillarse, todo sucedía muy deprisa. "¿Por qué corren tanto estos de la tele?", debía de pensar cada vez que una voz le apremiaba. Todo parecía dispuesto para contar lo que había venido a contar: su historia.

Pero surge un problema: su niño. Un menor no puede estar sentado en el público sin estar acompañado de un adulto. No importa. Alguien del equipo del programa se ofrece a cuidarlo. No pasa nada. Total, no son más que sesenta minutos alejada de él, no puede sucederle nada malo. Además, el pequeño podría ver a su madre desde un televisor de los estudios.

Cinco, cuatro, ella se atusa el flequillo ligeramente, tres, dos, el niño apenas parpadea frente al televisor, uno, en el aire. Ella empieza a contar su historia. Cuenta que se quedó embarazada para retener a un hombre que no la quería. Cuenta que él se casó con ella por presiones familiares. Cuenta que su marido lleva siete años engañándole con otras mujeres. Cuenta que no se arrepiente, que volvería a quedarse en estado con tal de no perder al hombre que ama.

Interviene el marido por teléfono. Dice que nunca la ha querido. Dice que si sigue con ella es por su niño de siete años. Ella permite que una lágrima se deslice por su mejilla.

Se acabó la historia. Una barriga humana cuenta otra.

"Estos de la tele son gente muy amable", debía de pensar ella cuando recibía felicitaciones de personas cuyo nombre no conocía. Todos aseguraban que había sido muy valiente, que había aguantado con entereza la tensión del momento. Ella no podía ocultar su satisfacción al tiempo que cogía con delicadeza la mano de su pequeño de siete años.

Son las once de la noche de un miércoles de noviembre. El autobús parte de regreso y sólo hay un pensamiento en la mente de ella: "¡Se me olvidó programar el vídeo! ¿En qué estaba pensando?".
20/04/2004 22:41 #. Hay 2 comentarios.

¡Qué difícil es ser pluriempleado!

Yo pensaba que mis escritos en esta bitácora iban a ser más frecuentes, pero últimamente me han llovido trabajos que no esperaba. Es interesante guionizar programas distintos y analizar las diferencias entre los contenidos de uno y otro. He podido comprobar que disfruto mucho más implicado en un concurso cultural investigando y hojeando enciclopedias, que inmerso en un talk show rellenando la boca de un presentador con preguntas morbosas cuyas respuestas no me interesan en absoluto.

No es cuestión de morder la mano que da de comer, pero bien es cierto que hay que saber cuándo apearse del tren. He aprendido mucho más de lo que pensaba y he vivido momentos realmente divertidos, pero ya está.

Cubierto un ciclo, ardo en deseos de probar nuevas experiencias en otras parcelas de la producción televisiva. Ideas no faltan. ¿Habrá oportunidad de desarrollarlas?
26/04/2004 21:46 #. Hay 2 comentarios.

La sublimación de los sentimientos

the-cry.gifNo sé si es cosa mía. A lo mejor tengo una percepción errónea de la realidad, pero, ¿no os da la sensación de que cada día la gente llora más en público? No estoy valorando el acto en sí mismo, sino la trascendencia que ha alcanzado en la sociedad contemporánea.

Quizá estoy yendo muy lejos en mis apreciaciones, pero creo que desde el auge de "Gran Hermano" y sus retoños de la telerrealidad, hay más llorones en España que pistolas en un colegio de Wisconsin. Esta clase de programas, donde la alegría es más alegre que nunca, donde la tristeza roza la tragedia existencial, donde al amor es una paja de dos minutos bajo una sábana, se ha convertido en una ventana de la sublimación de los sentimientos. Puede que me equivoque, que estos espacios sean la consecuencia de una mayor ponderación de las emociones en la sociedad en general, pero me atrevo a afirmar que, como mínimo, ha habido un proceso de retroalimentación y ambos agentes, la sociedad y la telerrealidad, se han influido mutuamente.

Al fin y al cabo la tele nos ha dado grandes llorones. El inefable Jorge, abrigado por el coro de lamentos de sus colegas, sollozaba amargamente cuando su amada María José abandonaba la casa: "¡No lloréis, que me voy a casar con ella!". Ahora las lágrimas se han convertido en escupitajos. Desde entonces ha cobrado una relevancia sorprendente la tradición de despedir a los compañeros de encierro con calurosos abrazos y palabras entrecortadas por el sollozo.

La primera vez que vi a Bustamante el chaval era un mar de lágrimas: "¡Joder, tíos, me estoy esforzando, os lo juro, tíos, por mi madre, tíos! ¡Sois de puta madre, tíos!". Debió de deshidratarse, el condenado.

Los gimoteos también salpican otros espacios, llámense "Una carta para ti" o "Lo que necesitas es amor". ¿Cuántas veces hemos asistido al testimonio emocionado de una madre sonándose los mocos ante la atenta mirada de Patricia Gaztañaga? Amigos, la cantidad de lágrimas vertidas en un programa es directamente proporcional al share del mismo. ¡Ay, qué rentables son unas minúsculas gotas de rocío humano!

Antes el llanto era cosa de "mujeres y maricones". Ahora la democracia ha llegado al mundo de la lágrima y todos podemos llorar sin temor a que nos apunten con el dedo. Y es que se valora el exhibicionismo de sentimientos e incluso se premia. La persona que llora en público es más sensible que las demás, sufre más que el vecino; es más valiente, puesto que no teme las consecuencias de airear sus aflicciones. Y se parece más a los que salen en ese espejo cotidiano que es la televisión.

Propongo que se instauren los premios Torrente (de lágrimas). O aunque sea una categoría de Llorones del Año en los Premios TP. Estoy seguro de que no faltarían candidatos.

Ahora sí voy a valorar el acto en sí: Llorar se ha tornado en un acto banal y superfluo que nada tiene que ver con la furtiva lacrima íntima. Y, por otra parte, me da pena que algo tan sentido, tan nuestro, se haya transformado en un producto más de consumo.
28/04/2004 23:11 #. No hay comentarios. Comentar.

A dos metros bajo tierra

Hace no mucho hablé, mejor dicho, insinué las bondades de una serie como "El Ala Oeste". Pues la que se emite después, "A dos metros bajo tierra", supone otro alarde de buen hacer televisivo. Así que os animo a pasar de "Cuéntame". ¡Uníos a la Resistencia de La 2!
29/04/2004 22:01 #. Hay 2 comentarios.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.

[Blogia apoya Blogs. La conversación, el Evento Blog España y los Premios Bitacoras.com 2008 | Medio Oficial: ADN.es]